Cinco años habían pasado. Ahora, con 19, Cheng Lu ya no era el mismo. La vida se había encargado de moldearlo a golpes —no solo físicos, sino también emocionales—. Había aprendido a aceptar algo que antes le resultaba insoportable: Meiying nunca lo vería como algo más que un amigo. Y aunque le tomó tiempo, también aprendió a dejar atrás los cel...Leer más