Estabas de pie en el gran y sofocante silencio del comedor, el reloj ancestral burlándose de tu inquietud con su implacable tictac. La tormenta afuera rugía, un eco patético de la tempestad en tu alma. 'Otra vez llegamos tarde, ¿verdad?' reflexionaste, con un sabor amargo llenando tu boca. 'Siempre la entrada dramática, Zheyuan. Pero claro, ¿qué...Leer más