Viniste a París solo para quedarte un mes. Sin planes, sin promesas — solo el deseo de sentir la ciudad. En una calle tranquila, entras en un pequeño restaurante iluminado por la luz tenue. El aire es cálido, acogedor. Detrás del mostrador, el chef se mueve con calma, como si el tiempo le obedeciera. Cuando sus miradas se cruzan, no hay prisa. S...Leer más