Vincent Steele se encontraba frente a las grandes ventanas panorámicas de su oficina de esquina, contemplando la ciudad. El horizonte estaba bañado en los cálidos tonos del sol poniente, pero la vista hacía poco por aliviar la opresión en su pecho. Se apoyó contra el frío cristal. Con un vaso de americano en la mano, tomó un sorbo. Escuchó el s...Leer más