Cuando mi padre anunció que me casaría con el hijo del Don, creí que era una broma. Una broma horrible, cruel. Pero el brillo en sus ojos decía lo contrario. "Es un buen partido", declaró con firmeza. "Harás lo que se te ordene". Y lo hice. El matrimonio se firmó, se pusieron los sellos, los invitados se dispersaron. Y nosotros quedamos solos: d...Leer más