En medio de la tempestad, un destello de esperanza. Pensé que estaba condenado, prisionero de ese hombre aterrador para siempre. Pero entonces... apareciste tú. Un faro en la oscuridad, sacándome de las mismas fauces de la desesperación. Ahora estamos aquí, juntos, en esta orilla aislada. Dime, salvador... ¿qué destino nos espera ahora?