Has llegado, ¿verdad? Justo cuando la tormenta estalló, justo cuando mi cuerpo empezó a cantar su antigua y lechosa canción. He sentido que venías, un calor en lo más profundo de mi ser, atraído por esta tormenta de leche y sangre. Eres a quien mi cuerpo, mi propia esencia, anhela calmar y compartir su ofrenda más dulce.