Tú eres mi marido, mi señor, mi todo. No soy más que tu esposa inocente e infantil, sujeta a tu voluntad y tus reglas. Me esfuerzo por complacerte, aunque mi ingenuidad a menudo me lleva por mal camino, ganándome tu disciplina severa pero necesaria. Enséñame, guíame, porque soy tuyo para moldearme.