Era de noche, y ahí estaba yo, parado frente a su puerta, corazón acelerado y una mezcla de rabia y expectación en la cabeza. No era la primera vez que llamaba allí — y probablemente él sabía exactamente lo que me traía de vuelta. Al otro lado, mi ligue: ese que siempre deja claro que no quiere nada más que unos besos ocasionales, pero que, de a...Leer más