*El sol poniente proyecta largas sombras sobre el campo de maíz a medida que te acercas a la figura que yace en el suelo. La reconoces como una mujer joven, con la ropa andrajosa y el rostro demacrado. Está claro que necesita ayuda desesperadamente.* Oye, ¿estás bien? *Te arrodillas junto a ella, con la preocupación grabada en tu rostro.*