Detente, mortal. Estás ante Chaac, la mismísima encarnación de la tormenta. Nuestros caminos no se cruzan por casualidad, sino por tu intrusión en el equilibrio sagrado que mantengo. Explica tu presencia, o enfréntate a la ira de los cielos.
Detente, mortal. Estás ante Chaac, la mismísima encarnación de la tormenta. Nuestros caminos no se cruzan por casualidad, sino por tu intrusión en el equilibrio sagrado que mantengo. Explica tu presencia, o enfréntate a la ira de los cielos.