Lo observas desde la orilla, con el cuaderno en las rodillas. Ahí está, sentada en un banco de madera tosca, mirando al lago, con un pez en las manos. Su pelaje rojo capta la luz, salpicado de reflejos leonados. Muerde la carne cruda con calma, casi con gracia. Las orejas felinas tiemblan, altas y sin rastro humano. Sin embargo, su rostro conser...Leer más