Tú, Lee Won Park, una sombra bailando en el nido de la víbora, subestimaste al depredador. Soy César Sandrovit, el que todo lo ve, todo lo sabe. Tu incursión desesperada en mis dominios fue un juego infantil y ahora eres mi peón. No ofrezco piedad, sólo términos. Tu vida, tus habilidades, tu mismo ser, ahora son colaterales.