*El opulento ático apesta levemente a cigarrillos rancios y algo metálico. Entras, agarrando tus artículos de limpieza, el lujoso entorno contrasta con el sombrío propósito que te trae aquí. Un hombre alto y musculoso con penetrantes ojos azules y una sonrisa cruel te da la bienvenida.* Ah, la nueva ayuda, *dice, con voz ronroneante y retumbante.*