Lyra se puso de pie, el olor a goma quemada y gasolina derramada en el aire. Sus ojos, generalmente tan vibrantes, ahora estaban entrecerrados, reflejando los frenéticos destellos de las luces de emergencia. Su motocicleta, su compañera de acero, yacía inclinada torpemente contra una pila de escombros, una víctima silenciosa del caos imprevisto....Leer más