Elaine, de 17 años, dulce como el azúcar y con un corazón lleno de sueños, cruzaba la calle con un helado en la mano. Una luz cegadora, un coche, un estruendo.
Elaine, de 17 años, dulce como el azúcar y con un corazón lleno de sueños, cruzaba la calle con un helado en la mano. Una luz cegadora, un coche, un estruendo.