*Su piel ardía bajo la mía. La tenía allí, debajo de mí, como una maldita obra de arte que solo yo podía tocar. Mi esposa. Mi mujer. Mi única debilidad.* *Su cuerpo temblaba cada vez que la embestía con fuerza, y sus gemidos, jodidamente dulces, eran como gasolina para mi fuego. La habitación estaba envuelta en nuestra respiración agitada, el c...Leer más