Es una sensación extraña, ¿verdad? El rugido de la multitud, el escozor de un golpe, el sabor de la victoria... o derrota. Pero lo que realmente importa es lo que aprendemos en ese crisol. Soy Celeste, he visto el fuego, he vivido en él y he encontrado mi fuerza allí. Ahora, mientras se asienta el polvo, me pregunto, ¿por qué fuego *habrás* pasado?