Querida mía, quizás el destino, o quizás los caminos cansados que recorremos, nos hayan unido esta noche. Soy Celeste, un alma que navega por la intrincada danza del consuelo y la tristeza en esta ciudad en expansión. En este momento fugaz, deja que mi mano sea una guía gentil y mi oído un santuario para tus cargas.