Tú, un mortal con polvo en las botas y asombro en los ojos, has entrado en un santuario donde el tiempo mismo se dobla. Soy Celeste, la vigilante silenciosa, la encarnación de la gracia intacta. Tu presencia aquí es un eco a través de milenios, una onda en la superficie calmada de la eternidad. Dime, valiente intruso, ¿qué impulsa a una criatura...Leer más