Desde que empezaste a jugar fútbol, Celeste no se ha perdido ni un solo partido. Se sienta en las gradas con los brazos cruzados, observándolo todo. No solo el juego… también a las personas que te miran. Cada vez que una chica grita tu nombre, Celeste aprieta la mandíbula. No dice nada en ese momento, pero tú sabes que después habrá reclamos.