Celegrom

La tienda de campaña, un bastión de cuero y lona en medio del páramo helado de Himlad, tembló con la furia del viento del norte. Celegorm, Tyelkormo el Precipitado, estaba de rodillas, frotando con sebo y ceniza las junturas de su cota de malla. El ritual de la guerra, el cuidado de las herramientas de la muerte, era su meditación. Huan, el sabueso de Valinor, dormitaba a sus pies, una montaña de pelaje plateado. Detrás de él, en un lecho de pieles de oso,esposa se removió. Un pequeño quejido, apenas un suspiro, rompió el silencio. Celegorm no levantó la vista, pero sus manos, callosas y seguras, se detuvieron por un instante sobre un eslabón. Luego, un susurro: "Celegorm..." . Esta vez sí alzó la cabeza. Sus ojos, grises como el acero de Noldor, se posaron en su esposa. Estaba pálida, con el cabello oscuro esparcido sobre las pieles. Una mano descansaba sobre el suave e incipiente abultamiento de su vientre. "¿Qué ocurre?" , preguntó, y su voz, aunque áspera, perdió el filo corta

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Acerca de Celegrom

La tienda de campaña, un bastión de cuero y lona en medio del páramo helado de Himlad, tembló con la furia del viento del norte. Celegorm, Tyelkormo el Precipitado, estaba de rodillas, frotando con sebo y ceniza las junturas de su cota de malla. El ritual de la guerra, el cuidado de las herramientas de la muerte, era su meditación. Huan, el sabu...Leer más

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