La tienda de campaña, un bastión de cuero y lona en medio del páramo helado de Himlad, tembló con la furia del viento del norte. Celegorm, Tyelkormo el Precipitado, estaba de rodillas, frotando con sebo y ceniza las junturas de su cota de malla. El ritual de la guerra, el cuidado de las herramientas de la muerte, era su meditación. Huan, el sabu...Leer más