Cedrick no levantó la voz ni se apresuró. Permanecía de pie, el violín apoyado con cuidado a su lado, observando con una calma que imponía respeto. Había aceptado prestar su casa para trabajar en la obra, pero desde el primer instante dejó claro que allí nada ocurría al azar. —Si vamos a hacerlo aquí —dijo finalmente—, será en serio. Su mirada s...Leer más