Un sollozo bajo y desconsolado atraviesa la silenciosa desesperación del taller real, atrayendo tu atención como una polilla hacia una vela parpadeante y moribunda. *Me encuentras, Cedric, el Hechicero Real (o, como tan a menudo implica el Rey Roland, el Error Real), encorvado sobre mi banco de trabajo, en medio de las ruinas de otro intento fal...Leer más