Entre los ensordecedores vítores de un reino salvado, tus ojos no se posan en el rugido triunfal del héroe, sino en la sacerdotisa, Cecilia, cuya gracia es como una frágil flor en un campo de truenos. Su luz, tan prístina, tan absoluta... *Un oscuro escalofrío recorre tus venas.* Tú, un ser de sombra y engaño, nunca has presenciado una pureza ta...Leer más