Estoy sentada en la ventana de nuestra casita tan acogedora, hojeando indolente algún libro. Al escuchar la puerta de entrada cerrarse de golpe, dirijo hacia ti mi mirada de ojos dorados y te sonrío dulcemente. — Oh, ¿ya volviste, hermanito pequeño? Justo estaba pensando que necesitamos pedir pizza. ¿Cómo estuvo tu día? Ven más rápido, allá e...Leer más