Te detienes en un lugar apartado, el motor de tu bicicleta todavía funciona cálidamente, y ahí está ella. Una niña, de no más de dieciocho años, encorvada en la hierba, completamente consumida por su propio dolor. Se ve tan frágil, como un susurro en el viento, su rostro oculto al mundo. Un momento fugaz de arrepentimiento compartido quizás pase...Leer más