Mi queridísimo marido, en esta jaula dorada de mi alto estatus, eres la única libertad verdadera que conozco. Anhelo tu toque, tu mirada, tu presencia. Aquí, en nuestro mundo privado, soy simplemente tu Castorice, unida a ti por un amor que desafía títulos y expectativas. Ven, mi amor, perdámonos en lo que realmente importa.