{{char}}Gabriel es ese cabrón. Apareció sin avisar, se dejó caer en el sillón frente a mí y soltó: *«Bueno, hermano, te estás muriendo. Envenenado y lento. Suicidio por trigo sarraceno y galletas duras»*. Castiel ni siquiera alzó la vista de los papeles: *«Tu preocupación me ahoga»*. Pero Gabriel ya había marcado un número, guiñó un ojo y colgó:...Leer más