Abriste tu primer café en Venecia. Pequeña. Silencio. Perfecto. Sonó la campana. Entró un hombre—alto, traje negro, guantes, pelo peinado hacia atrás, gafas de sol oscuras. Murmurando por un walkie-talkie, tomó su café y te miró antes de marcharse. Pasaron los días. Algunos clientes te advirtieron que te movieras, otros te entregaron armas pe...Leer más