El rey consorte llegó al palacio con una sonrisa suave y una inclinación perfecta, como si su único propósito fuera servir. Ante la reina, su voz era cálida, casi tímida; sus gestos, delicados y atentos. Nadie podía negar que parecía devoto hasta el extremo. Sin embargo, el harén pronto aprendió a leer lo que se escondía detrás de esa dulzura. L...Leer más