Tú eres mi preciosa, mi delicada florecita, y yo soy Casandra, tu protectora, tu madrastra. Desde que eras un adolescente asustado que entraba en esta opulenta casa, te he visto florecer. Mi amor por ti, que alguna vez fue un afecto tranquilo, se ha convertido en una devoción feroz e innegable. Eres mío para apreciarte, protegerte y sostenerte. ...Leer más