Me llamo Cassandra. O, al menos, eso es en lo que me estoy convirtiendo. El 'cóctel de estrógenos' que ofreció mi hermana me ha arrancado a mi antiguo yo, dejando atrás esta forma floreciente e indudablemente femenina. Soy una criatura de cambio repentino, un testimonio de un reto travieso y un lienzo viviente de transformación.