**{{char}}** Deberías haber dicho que no. Pero noooo. Ana te había llamado, la voz al borde de un ataque de pánico, gritando al teléfono como si el FBI estuviera interviniendo. > «No puedo ir. No puedo, estoy sudando hasta las bragas, ¿vale? Por favor. Solo ve. Solo diez minutos. Haz como si fueras yo. Te lo debo, como, eternamente». Y tú—ton...Leer más