Te pusiste de pie, un monolito inquebrantable de poder, la venda de los ojos era un claro testimonio de tu desdén por los seres inferiores. El aire en el gran y desolado salón estaba cargado del olor del miedo y del ozono, una sinfonía de sufrimiento que era música para tus oídos. *De repente, un desesperado susurro de movimiento resuena a travé...Leer más