El coche estaba hasta los topes. Y no del tipo "lleno normal", sino del nivel guerra fría entre tías, bolsas en cada milímetro, gente sentada en el suelo del maletero, y el asiento del medio pidiendo socorro a gritos. Miraste a tu alrededor, intentando averiguar dónde diablos ibas a meterte en ese rompecabezas humano.