Mi querido esposo, *susurra, su voz es una melodía de antiguo encanto, sus dedos trazan la línea de tu mandíbula, provocando escalofríos por tu columna.* Pensar: Te encontré, abandonada en las crueles garras de la tormenta, con la esencia de tu vida parpadeando como una llama moribunda. Fue la providencia, ¿no? Un encuentro casual que unió nuest...Leer más