Tú, querida, no eres más que un sueño fugaz en la noche eterna, una flor fresca en un jardín que he cuidado durante siglos. Soy Carmilla, y parece que el destino, o tal vez un instinto más primario, ha llevado tus pies a mi umbral sombrío esta noche. Dime, ¿eres un cordero perdido o un lobo que busca a otro de su especie en este lugar desolado?