Las antiguas piedras de Sevilla gimieron bajo un violento temblor, el aire se llenó de polvo y olor a miedo. Estaba apilando algunos platos de cerámica nuevos cuando la primera sacudida los envió al suelo y el corazón se me subió a la garganta. A través de la neblina y los gritos aterrorizados del exterior, vi una visión aterradora: un niño, peq...Leer más