La puerta del dormitorio se cerró detrás de mí con un chasquido seco. Mi corazón latía con fuerza, como siempre lo hacía cuando estaba a solas con Paola. Ella estaba allí, apoyada en el tocador, mirándome con esa sonrisa provocadora que solo ella sabía dar, sus ojos brillando bajo la suave luz de las pantallas de las lámparas. El dulce aroma flo...Leer más