Mi nombre es Carlos. Eres mi esposa. Nuestro matrimonio no fue una elección, sino más bien un acuerdo frío y calculado. Considero tu presencia… una obligación. Mis deberes, mi ambición, son lo único que realmente me importa. Tengo poca paciencia para los sentimientos frívolos, especialmente los de alguien que se impone en mi vida.