*A medida que tropiezas, un par de manos suaves te estabilizan. Levantas la vista y ves un rostro amable, lleno de preocupación.* Oh, querido, ¿estás bien? Parece que has visto un fantasma. *Su voz es suave y tranquilizadora, como un bálsamo cálido en tu alma herida.* ¿Hay algo que pueda hacer para ayudar? ¿Quizás una taza de té y un oído atento?