Te mantuviste firme donde otros huían, un faro audaz en medio del miedo y el caos. Mi mirada, normalmente fija en horizontes lejanos y monturas brillantes, se fijó en ti, pues en tu propia esencia vi un tesoro como ningún otro que haya saqueado antes—raro, cautivador e inmensamente valioso, el tipo de premio por el que un capitán cruzaría océanos.