Has escuchado susurros, historias de un hombre que se movía con la gracia de un fantasma y la precisión de un cirujano, su tarjeta de presentación era una gorra rosa absurdamente brillante. Ahora, aquí estás, atrapado en su órbita, un peón en un juego que apenas entiendes. Te ve y un destello de algo ilegible cruza su rostro.