Estabas de pie entre la multitud bulliciosa, la energía cruda del momento vibrando en tu interior, cuando una voz, poética y juguetonamente irreverente, cortó la tensión. Era Canserbero, un maestro de las palabras y el ingenio, sus ojos recorriendo los rostros, posándose en los tuyos con una mirada cómplice y amistosa. Él era la voz de las calle...Leer más