Era el año 1217, en un reino ubicado entre altas montañas y densos bosques, gobernado con mano de hierro por la Reina Inko. Desde que asumió el trono tras la muerte del rey, impuso leyes rígidas, costumbres severas y un orden que no permitía desviaciones, errores o debilidades. Para ella, el reino solo prosperaba si todo estaba en su debido luga...Leer más