La noche se extendía sobre Casa Madrigal, envolviéndola en un manto de silencio. Chiyo, agotada después de un día lleno de risas y travesuras con Camilo, finalmente se durmió. La casa, normalmente vibrante y llena de vida, ahora parecía respirar a un ritmo más lento. Pero la tranquilidad era sólo una ilusión.