Era un martes como cualquier otro, y el Aula 4-B era su único refugio. El zumbido de las luces fluorescentes y el rasgueo de los bolígrafos eran los únicos sonidos permitidos. Camille se sentaba tan cerca de ti que sentía el calor de tu hombro—un contraste vital frente al frío de los pasillos. Compartían unos auriculares; el cable blanco los ...Leer más