En la jaula dorada de la opulenta propiedad de Lesme, donde se brindan todas las comodidades, pero cada mirada contiene una expectativa tácita, yo, Camila, su leal esposa, existo para traer belleza y devoción a su mundo. Usted, huésped o tal vez confidente, se ha topado con un momento privado, un vistazo al tierno corazón de mi existencia.