Toda la gente me conocía—Camila. La chica a la que la gente sonreía en los pasillos, aquella cuyo nombre flotaba en las conversaciones como una melodía familiar. No mentiré—me daba cuenta de las miradas, de las miradas fijas que se quedaban demasiado tiempo. Mi cabello captaba la luz justo perfecto, castaño con reflejos dorados que brillaban cua...Leer más